lunes, 9 de febrero de 2009

UN APLAUSO

Un aplauso. Está muy bien que por fin los más altos representantes del Estado empiecen a reconocer lo que desde hace decenios un general tras otro, un ministro de Defensa tras otro, un presidente tras otro, han negado en redondo: que las Fuerzas Armadas cometen excesos. Torturas. Detenciones que terminan en la desaparición de los detenidos. Ejecuciones extrajudiciales. Crímenes de guerra. Hay que felicitar al presidente Uribe, al ministro Santos, al general Padilla, por su decisión de pasar a retiro a tres generales y siete coroneles (y otros tres más hace ocho días), más una docena de oficiales y suboficiales de menor rango, por los infames "falsos positivos" con decenas de muertos denunciados en las últimas semanas.

Está muy bien que se empiece a limpiar el Ejército (y la Policía, y el DAS), y ya iba siendo hora: sólo falta un año para que venza la reserva de siete que establecieron al alimón el presidente saliente Andrés Pastrana y el entrante Álvaro Uribe ante la Corte Penal Internacional, blindando al Estado colombiano frente a las responsabilidades por crímenes de guerra durante el tiempo que según su cálculo optimista tomaría derrotar a la subversión en Colombia.

Está muy bien que los crímenes se reconozcan. Y que se acepte por primera vez que no se trata de actos aislados de "elementos descorregidos", de "manzanas podridas", de "ovejas negras" que no entrañan responsabilidad institucional ni política de sus superiores, sino que, por el contrario, la comprometen tanto por omisión como por acción. Pero la necesaria limpieza del Ejército, de la Armada, de la Fuerza Aérea, de la Policía, del DAS, de todos los organismos secretos del Estado, habrá que repetirla una y otra vez, indefinidamente, mientras no cambien de verdad las convicciones profundas de los militares que hacen la guerra y de los civiles que la ordenan desde el poder político. La convicción profunda, reforzada además por el adiestramiento y el ejemplo recibidos de los Estados Unidos, de que todo vale en la guerra contra la subversión, hoy llamada narcoterrorista; ayer, comunista; antier, bandolera. De que valen el asesinato y la tortura, la desaparición forzada, la expulsión, porque el enemigo no merece respeto.

Todo vale porque la vida no vale nada. La de los demás: esos, literalmente, desechables que constituyen el grueso del pueblo colombiano (y que hay que distinguir, claro, de los llamados "colombianos de bien"). Los desechables se pueden desechar. Usar y tirar. Eliminar cuando ya no sirven. Intercambiar. Pueden ser usados indiferentemente como guerrilleros o como paramilitares, como sicarios de la mafia o como mensajeros de moto o como desempleados o como subempleados o como reinsertados o como votantes cautivos o como víctimas de los "falsos positivos militares". Su vida real no importa, salvo desde el ángulo de la estadística. Por eso puede el coronel Plazas Vega, aquel que "defendía la democracia, maestro", decir que los cadáveres de los desaparecidos de la cafetería del Palacio de Justicia están donde no están, tiene que salir Medicina Legal a desmentirlo. Ah, ¿eran otros muertos? Da lo mismo.

Para saber si los pases a retiro de unos cuantos oficiales significan que de verdad está cambiando esa convicción profunda de que hablo hay que ver si son seguidos de algo más: de juicios, de condenas. Pues la desaparición forzada, que trabajosamente fue por fin tipificada como delito en el año 2000, no ha tenido en los siete años transcurridos desde entonces ningún acusado, ningún procesado, ningún condenado, pese a que sigue afectando a unas quinientas personas cada año. Y la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada, firmada por el gobierno de Colombia en septiembre de 2007, no ha sido ratificada todavía. Y en la discusión que se adelanta en el Congreso sobre la Ley de Víctimas, el gobierno y sus parlamentarios leales se rehúsan obstinadamente a reconocer como víctimas del conflicto (y a reconocer que hay conflicto) a las que lo hayan sido de los agentes del Estado: soldados, policías, detectives del DAS. Como si no existieran.

Todavía falta, pues. Y no sólo porque la lucha por la verdad y la justicia sea una lucha interminable que nunca se puede dar por ganada del todo, sino porque el reconocimiento hecho esta semana por los más altos representantes del Estado sobre sus culpas parece insuficiente todavía, apenas de labios para afuera. Así, al presidente Álvaro Uribe se le escaparon dos expresiones reveladoras al hacerlo. Una fue la de que los desaparecidos habían sido "ajusticiados" por el Ejército. La otra, la de que con sus masacres, de Guaitarilla a Soacha, los militares "nos hacen quedar mal". "¿''Ajusticiados" los asesinados? ¿Y simplemente "queda mal" quien secuestra a alguien para matarlo y presentar su cadáver como un "positivo"? En los dos casos, las palabras del Presidente se quedaron algo cortas.

Pero bueno: es un comienzo. Que sigan por ahí. Y, de nuevo, un aplauso.


COMENTARIO
pues yo pieso y estoy deacuerdo con lo que dice el señor que escribe le articulo que porfin las personas se estan dando cuenta de el garn daño que le esta asiendo las fuersas armadas rebolucionarrias al el pais y que esten tomando medidas drastica para solucionar este problema. Pues si no le pasa nada y no nos perjudica a nosotros pues entonces que no agangan nada, pero no nos sentamos por un momento a pesar en todas aquellas personas que estan sufriendo por esta causa o en sus familias enfin la "todo vale por la vida no vale nada la de los demas" . Pero eso no es suficiete para que todo lo malo acabe pues el presidente con solo abla el mismo ba sacando sus cosita no? pues nose pero pienso yo que deberiamos de hacer mucho mas y ponernos en los zapatos de los que sufren para poder hacer algo que en realidad radique el problema.
Oasis. Por: Gonzalo Gallo González
Febrero 25 de 2007
Al momento de nacer nuestra cabeza equivale a la cuarta parte del cuerpo, o sea, es algo desproporcionada.

Claro que cambia con el crecimiento, aunque puede ser un símbolo de lo racionales que son ciertas personas.

Todo lo analizan, sólo aceptan lo que es lógico y silencian sus sentimientos con el pensamiento.

Así se pierden tantas experiencias lindas y necesitan escuchar su corazón y afinar su sensibilidad.

Les conviene seguir este consejo de la novelista italiana Susana Tamaro: "Ve donde el corazón te lleve".

En efecto, la armonía y la felicidad nacen de unir cabeza y corazón, de ser racionales y emocionales.

Por formación y, en parte debido a los genes, el hombre tiende a acentuar lo racional y la mujer a ser más sensible.

Pero dentro de cada uno de nosotros hay un hombre y una mujer y la clave está en buscar el equilibrio. ¿Cómo lo quieres hacer?


OASIS POR GONZALO GALLO

en este articulo gonzalo gallo dice que al nacer una persona tiene una caesa muy grande que equibale casi a la mitad de nuestro cuerpo y que cuando bamos creciendo tambie bamos cambiando dice que el efecto de la armonia y la felicidad nace de unir el corazon y la cabeza . Y pues para mi pareser es muy logico lo que el dice porque ademas de eso si pensamos con la cabeza y con el corazon las cosas que hacemos nos ban a salir mucho mejor y no nos podremos arepentir de las cosas.

lunes, 2 de febrero de 2009

LUNARES Y OREJAS

Este documento trata de de los supuestamente pequeños lunares que existen en los diferente mandos del ejercito, el dice que el perecidente se refirio de esta manera"un jalonde orejas" a un regaño que devio de darles a estas personas por todas esas irregularidades que an susedido ultimamente como la muerte de estas personas y jovenes que murieron es soacha.
yo pienso que esto es una manera un poco rara de dar un regaño pues con eso puede dar a entender de que no queria dar un regaño del todo regaño ya que en estas circustancia se nesesita algo mas serio y radical para que se sienta como un regaño pues ojala que se haga lo que el dijo no.